Son estos días apasionantes. Si hasta hace nada estaba clara la ruptura entre Caballero y Olveira, hoy las cosas han cambiado. Figueroa no pinta nada, no puede asegurar a sus pretendidos socios a contrapelo más que una alcaldía de paja. Habrá quien interprete este cambio de tornas como una muestra más del mesianismo de los políticos locales. Yo prefiero verlo más como una muestra de que la cosa esa llamada sistema, en Vigo funciona. Hay un gobierno que gobierna pero que debe ponerse de acuerdo con el resto para hacerlo. Reconozco que el que suscribe estaba seguro de que no llegaría la cosa a buen puerto, incluso preferiría que hicieran las cosas un poco mejor. Pero no hay que forzar la máquina, con que suba la cuesta llega.
Mientras tanto, podemos seguir preocupándonos en si mandamos el Ave a Lavacolla o al puerto de Vigo o si los empresarios locales eligen la independencia política de pedir dinero a los políticos. Quizás haya que empezar a preocuparse por el número de viviendas que nos van a plantar en la costa otra vez.
lunes, febrero 20, 2012
Vida viguesa
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