Trae La Voz de Galicia un tema interesante, de esos que quedan lastrados en la ciudad sin que se sepa muy bien el motivo. Había en la calle Marqués de Valladares un edifico de estilo modernista reconocido por su valor arquitectónico, hasta el punto de pertenecer a ese puñado de inmuebles vigueses cuya única defensa es la espúrea aparición en la página web del Concello. Este edificio, siendo alcaldesa Corina Porro, cayó bajo la piqueta de un promotor, suponemos que a causa de la voracidad de los compradores vigueses, que les obligaban a los pobres a arrasar nuestro patrimonio. ¿A quién le amarga un dulce, no? El caso es que tanto emprendimiento no tuvo recompensa y el malinformado promotor non sospechó que bajo ese edificio se encontraba parte del Vigo romano, que según dicen los expertos era algo más que un poblacho a medio camino entre castros primitivos y turistas romanizados. O sea, que era Vigo por entonces más de lo que es actualmente. Pero esto lo digo yo, no los expertos, que conste.
El caso es que al pobre empresario no le dio tiempo a hacer lo que se hace en estos casos, que es construir rapidamente, tapar lo que se encuentre y recibir un premio de Aproín. Los restos arqueológicos resultaron merecedores de conservarse y de firmarse un acuerdo entre la Xunta y el Concello. Los términos y circunstancias de este convenio los desconozco, como la mayoría de cosas que pasan en esta ciudad y que tengan que ver con la construcción. El caso es que si hace unos meses la misma Voz de Galicia nos informaba de que estos restos estaban destruídos, hoy parecen haber resucitado. Incluso parece que debe el Concello tirar los edificios que separan este yacimiento de la Plaza de Compostela para que la gente pueda verlos. Lo lógico sería que entraran desde la misma calle de Marqués de Valladares, pero ya digo que yo de estas cosas no entiendo.
Ahí tienen ustedes la parcela. Como verán, para no perjudicar la "parcela privada del promotor" hay que crear una entrada desde la plaza de Compostela, que está al otro lado de la manzana. Entre Bugallo y Porro lo pensaron. Mientras, el plan del Ensanche con el que se podría empezar a hablar de aplacar las ansias constructivas del promotor, duerme el sueño de los justos. Como siempre, la culpa es de Caballero.
miércoles, febrero 29, 2012
Los restos arqueológicos
Etiquetas:
cultura,
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