El pobre Guerrra no pinta nada en este post, pero lo pongo para que se vea que no sólo las mujeres pueden hacer cosas raras vistiéndose. Los chulos de discoteca tambien.
viernes, enero 20, 2012
María José Bravo
La Bravo ya tiene trabajo. Después de pasar varios meses a la espera de lo que dijese el Figueroa, que no entiende el papel de las mujeres de manera distinta a como la entendía su abuelo, ya le encontraron acomodo. Ya no tendrá que aguantar más aquello de "a ver si ahora no va a poder uno tocarle el culo a su secretaria". Y para que se vea bien que ella es más que una cara bonita se lanza al ruedo así, a lo loco, a dar el callo desde el primer día. Venga a trabajar como una loca. Y como aún no puede, porque no es oficial y está feo tomar posesión del despacho público sin cumplir antes con ciertos requisitos, que es lo que tiene la democracia, que para esas cosas es un rollo, pues se pone a conceder entrevistas. Así de primeras tres para las tres gracias viguesas: el Fallo, la Voz y el Atlante. Y porque no le veo TeleVigo ni Localia porque casi apostaría que por allí también se ha pasado. O por las radios. O a lo mejor no, porque en la radio no se le ve el modelo. Como en todas entrevistas dice lo esperable, o sea, cagarse en la madre de Caballero, que para eso está, pues se ve que con una cazadora, una chaqueta y unos vaqueros se las arregló para salir distinta en todas ellas. El Castro, el Casco Vello o donde sea. Responder a las mismas tonterías con las mismas estupideces. Como hacía la Molares pero más en plan sport. Yo lo prefiero, si se puede elegir. Ya que no hay lumbreras, al menos que tengan algo más que una etiqueta de anís el Mono, digo yo. Más que nada porque si no pueden acabar exigiendo austeridad al Estado con una mano y pidiendo subvenciones al mismo tiempo con la otra. Como Fernández Alvariño, vamos, que suma el cuarto organismo para arreglar Peinador. Así, a ojo, tenemos Provigo, la Diputación, y el Comité de Rutas de la Xunta. Si es que en Vigo otra cosa no, pero mentes previlegiadas es de lo que más hay. ¿Para qué querremos títulos, digo yo?
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