Parece ser que una vez fallecido Fraga, la democracia vuelve a Vigo. No digo que tenga nada que ver, pero la coincidencia ahí está. Nos deja el búfalo de Vilalba y los prosaicos carteles de "Concello de Vigo" vuelven a nuestras calles. Será hasta que Olveira vuelva a entrar en el gobierno local, claro. Entonces su marca naranja de "Tenencia de Alcaldía" volverá a patrocinar todos los empeños de otras concellerías gobernadas por sus cada vez más escasos ediles. Y todo esto si se le explica despacito a los redactores de La Voz de Galicia, que no acaban de ver claro que no se les regale a los novios que se casan en la ciudad un cartel de "Alcaldía". Un despilfarro es lo que les parece. Si ya les parece que a causa de tanto gasto inutil tenemos doble imagen, imagínense que volviera la marca de Tenencia. No nos extraña que empujen tanto para que eso no vuelva a pasar nunca, pobres.
Y ya que estamos con marcas y nombres y eso y tal, aprovechamos para congratularnos por la nueva exclusiva del Atlante Diario. Es el único periódico que ha logrado descubrir cómo se llama ese ente misterioso que unilateralmente decidió ponerse a arreglarnos lo que nadie les pidió que nos arreglaran, concretamente por la parte del aeropuerto. Yo estaba por llamarles la "Liga de la Justicia Viguesa", "Costas, Alvariño y los que nos joden el caralliño" o directamente "Piratas del Caribe". Pero se ve que ellos han sido más astutos que el que escribe estas ponzoñosas líneas y han revelado el secreto: "Instituto Pro-Aeropuerto". El I.P.A., ¿a que mola? Javier Garrido, presidente ejecutivo y manager consultant del I.P.A.; García Costas, marxista de pro (ahora que se revela contra la impecable dirección de Barreras al descubrir que el pelotazo urbanístico incluye dejarle a él un agujerico de cuatro millones de euros); y el niño terrible Fernández Alvariño, constructor local de puentes entre Cangas y Vigo, Tui y Valença, Barajas y Peinador. Todos juntos no dan para levantarle la voz a Feijoo, pero es lo que pasa cuando desde la independencia se esperan subvenciones para levantar sus ruinosas empresas.
No queremos cerrar el post de hoy sin mencionar el tema de moda en la ciudad: si Fraga fue tan bueno para Galicia, ¿cómo es posible que fuera tan nefasto para la ciudad? ¿Es un caso de viguismo descontrolado o un reconocimiento de la manía que siempre profesó Fraga hacia los obreros desagradecidos? Entre "tensa" y "no peor" la califica La Voz de Galicia, dejando la duda de si en la última frase del reportaje habría que incluir al actual presidente. Mientras que desde el Atlante utilizan el término "institucional" para reconocer que ignoró a la ciudad todas sus aspiraciones. Significativa es la separación que ha hecho el Fallo de Vigo de noticias relacionadas con la ciudad y esos grandilocuentes especiales que dedican a la figura ausente.
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