"¿Ordenó usted el código rojo?", le espeta en "Algunos hombres buenos" un joven Tom Cruise al prepotente generalazo Jack Nicholson para obligarle a confesar que actúa de espaldas a las normas que dice obedecer. Así se debió de sentir Olveira ayer, como un valeroso Cruise que le grita desde su escaño al chulito de Caballero si va a ordenar el código rojo y pasarse por el forro de sus santos caprichos lo que diga el pleno del Concello. La diferencia está en que a Caballero le suda muy mucho el código rojo, el verde y el azul. Y Olveira, lejos de ser un valiente soldado, es un señor que no supo cómo reaccionar (por no mencionar que la pregunta directamente dirigida hacia quien no está en el debate está fuera de lugar) e hizo lo que yo cuando no me pitaban penalty en el patio del cole. Salirme del partido. Ambas conductas están igual de feas y son igual de tontitas. Se perdonan porque las hacen personas sin más criterio que su propio gusto, incapaces de entender la importancia del papel que están jugando.
El caso es que el código rojo por el que preguntaba Olveira se puede entender ordenado, aplicado y ejecutado en todos sus extremos. Ni Caballero va a hacer lo que no considere que debe hacer ni Olveira encuentra otra excusa mejor para arrejuntarse con quien coincide politicamente, esto es, el Partido Popular. Nunca entendí demasiado el principio conforme al cual si "Pp y Psoe a mesma merda é" porqué se arriman a un tipo de mierda y a otros no. Buena parte de su electorado tampoco lo entiende y ese 10% de votantes gallegos que le quedan cada día lo entienden menos. El líder vigués que ha llevado al Bng a sus más bajas cuotas desde hace más de veinte años está a punto de compartir algo más que mesa y mantel, subvención y convenio, con el Pp de Louzán. Podrán discutir sobre quien debe ponerle sexo a los ángeles, farmacias a los viejos o cartillas del seguro a los parados. Pero el gobierno diario de la ciudad se lo van a repartir igual que se repartieron la Tenencia de Alcadía, sin que sus antiguos socios le dijeran esta boca es mía.
El orden y la discrección de los asistentes al pleno de ayer me hicieron creer que los representantes políticos eran los invitados y los bulliciosos y desinformados eran los otros, los que se sentaban en los escaños. Quizá sea que más allá del histerismo mediático había quien está interesado en solucionar los problemas, mientras que del otro lado hay quien está interesado en crearlos.
martes, diciembre 27, 2011
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