Hay cosas que Corina Porro hace muy bien. Recibir a Bob Esponja, al ratón Mickey y a cualquier otro pesonaje que traiga ilusión y que, sobre todo, sea mentira, un señor disfrazado. Eso Corina lo hace de maravilla, para qué engañarnos. Creo que este tipo de cosas son importantes, a nadie le gustaría ver a Patricio Estrella teniendo que lidiar con Caballero. En cambio Corina sería capaz de alegrarle la vida hasta al mismísimo Calamardo. Viene todo esto a cuenta de la incapacidad de Corina para asumir la realidad más evidente. El Partido Popular es el único de todo el espectro político incapaz de asumir pactos estables con el resto de fuerzas. Cualquier otro partido es capaz de renunciar a parte de su ideario por el bien común. El Pp es el único partido político que, lejos de mostrar la más mínima capacidad para negociar, debatir, asumir que los oponentes pueden tener algo de razón o que no toda la razón está en su posesión, se empeña en mantenerse como único baluarte de la lógica, de la razón y de la verdad. Este mesianismo neurótico le ha llevado a no querer debatir su programa electoral con los otros representantes de la corporación local. Psoe y Bng no coinciden en muchos aspectos, pero ambos son capaces de renunciar a parte de su programa, arriesgarse a defraudar a parte de sus electores, para sacar adelante lo que consideran el bien común. El Pp considera que esto es un error, que lo mejor es mantenerse siempre en posesión de la verdad y no cambiar nunca, pase lo que pase, de idea. Así, a día de hoy en el Pp la preocupación es ver quien se queda con el pastel del puerto, no la ausencia de programa político,o la clara rebeldía que mantienen contra el buen orden democrático cuestionando la legislación electoral o el ataque directo que realizan contra los derechos ciudadanos al no consentir en participar en debates electorales.
Entendemos que el momento personal por el que está pasando Corina no es el más adecuado para someterla a la presión de un debate, confrontándola con sus rivales cara a cara. El evidente desequilibrio emocional en el que está sumida desde hace un par de meses la convierten en excesivamente vulnerable. Si en su mejor momento, su discurso no pasaba del insulto fácil y obsceno, actualmente su extraña actuación en el puerto de Vigo tampoco le augura un buen papel. Hacer primero las obras y aprobarlas después no parece lo más sensato. No tener más opinión respecto a la ciudad que pretende gobernar que los demás son unos crispadores y que ella es la tranquilidad, no deja de ser una boutade.
lunes, mayo 02, 2011
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