viernes, mayo 27, 2011

el igape

A día de hoy es bastante probable que el caso Igape suponga el entierro formal del Porrismo. El actual Conselleiro de Industria entró en política de la mano de la rubia, que le hizo compaginar su puesto de concejal de personal del Concello de Vigo con sus empresas particulares, en una de esas piruetas tan del Pp. Sólo se pueden hacer cuando no se tiene ideología o, lo que es lo mismo, cuando se es de derechas. Como concejal fue horrible. Este año 2011 el Concello de Vigo ha tenido que pagar 840.000 euros de indemnización a trabajadores que tendrían que haber sido reemplazados durante el mandato popular y cuyos contratos fueron inexplicablemente sostenidos en el tiempo. Así de contentos estaban los trabajadores del Concello. En lugar de darles el descanso laboral que les impedía acceder a un puesto fijo, Guerra logró que haya trabajadores en el Concello con plaza fija sin pasar por oposición.

Estos méritos y otros parecidos le llevaron a ser la cuarta o quinta opción de Feijoo para la Consellería de Industria. Su aval fue principalmente su carrera empresarial. Pertenecía a esa casta que se puede permitir el lujo de presumir por no haber pedido nunca un crédito a un banco. Suponemos que su familia y amigos serían carpinteros y fontaneros, y su madre limpiaría en varios pisos para ahorrar para el sueño de su hijo. El Gran Vigo le avalaba. Para un menor de treinta años que no es ni cocainómano ni analfabeto, había que mimarle. La generación de políticos ideales de Feijoo. Y esta joyita de familia pudiente, que no clasista, que a fin de cuentas estudió en el Opus Dei, no en Inglaterra, cercano a los miembros del Vigo fino, llegó por fin a su techo. Por el camino convenció a otro miembro de este Vigo elegante, de buena familia y puesto directivo perpetuo, del proyecto de la nueva Galicia amable que Feijoo traía debajo del brazo.

El problema de tanta elegancia y de tanto vigusimo y tanto futuro es la profunda ignorancia y desprecio que manifiestan hacia cualquier ámbito que no se corresponda con el burgués que les rodea. Y así llegaron a Lugo, a  una tierra donde si eres mujer, aunque seas jueza, eres un infraser; donde los criminales que se esconden en las montañas llegan a alcaldes; y donde la pijería intelectual y financiera encuentra elegante echarse pedos a la orilla del Padre Miño. Donde nunca sabes qué navaja te puedes encontrar debajo de las piedras del camino. Da igual que seas honrado y cabal hasta el rigor franciscano. Tendrás suerte si sales en libertad sin fianza pero "implicado" por cargos que todavía no te es permitido conocer. Es triste descubrir que la tierra bajo nuestros pies desaparece con tanta facilidad que todo el mundo coincide en asegurarte que nunca estuvo allí. Y cuanta mejor persona seas más rápido desaparece, porque las personas buenas lo son porque su suelo nunca está muy firme, aunque no lo sepan.

En política no existen cargos "técnicos", por mucho que Corina Porro se empeñe en decir que ella no tiene ideología y que sólo se guía por lo que le dicen los expertos. Esa filosofía guió a su pupilo político Guerra, que se la vendió al director del Igape. Da igual que tú no creas en ideologías políticas, porque las ideologías políticas sí creen en ti. Y mejor que no las pierdas de vista, porque si no te saltarán al cuello cuando menos te lo esperes.
 
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