miércoles, abril 27, 2011

el libro de jaime garrido

Don Jaime Garrido es uno de esos entrañables personajes vigueses que toda aldea debe alimentar y guardar como oro en paño. Lo mismo te propone un pirulí para el medio del monte del Castro ("una obra preciosa", según García Costas, al que todo lo fálico le pone), como se abstiene de criticar a Antonio Ramilo o a las asociaciones de hosteleros olvidando que son los grandes culpables del deterioro del mismo entorno. Él prefiere criticar que pasen coches por allí o que no se recuerde a la mágica virgen con la que nombra el castillo, siguiendo la tradición cristiana que tanto se estila por ahí. Bien está que la Diputación se gaste el dinero en publicarle libros, porque así puede la institución pública justificar después que eso es dinero invertido en Vigo.

Pero no es mi intención el amargar a nadie y menos en un día tan señalado, en el que todavía celebramos que todos los turistas y tripulantes de los cuatro barcos que atracaron en el puerto de Vigo bajaron a gastarse cada uno 60 euros. Y quien no se lo crea, que pregunte a Cándido Rial, que aún en plena lluvia de millones tuvo oportunidad de acordarse de la falta de apoyo del Concello. Está visto que el tío no tiene fondo para tragar pasta. Y no voy a amargar a nadie, digo, pero al menos déjenme preguntarme por este éxito sin precendentes en la ciudad. Resulta que no es mérito de que seamos el nuevo edén de Occidente o que sea noticia internacional los muebles de la Porro. Más bien tanto barcazo junto se debe a una tendencia nacional. En todo el país se repiten estos éxitos como el de Vigo. Incluso parece ser que la bajada que experimentó el puerto vigués en el año 2008 y que empezó a recuperar a partir del 2009, coincidiendo con la llegada de Corina, se repitió por todos los puertos del pais. Y en ellos todavía no manda Corina, que capacidad tiene para eso y para mucho más, pero que todavía no lo hace. Hay mal pensados que comentan que podría ser que influyera el hecho de que un mes antes que Corina, José Blanco fue nombrado ministro de Fomento, que ése sí, ése gobierna en todos los puertos nacionales.

Por supuesto que este bloguero, amparado por el turbio anonimato que me brinda este mentidero que es el internet, disfruta de los éxitos de todo el mundo, incluso de los que no le incumben, como éste de los barcos, o de otros, que tampoco es capaz de percibir.

 
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